ESCRITOS

Relatos de las Troyanas: Tumaco Grupo las Troyanas

El Grupo las Troyanas surgió en el 2015 como una iniciativa estudiantil, con el objetivo de visibilizar la violencia sexual y reflexionar sobre la misma a partir de la escritura creativa. Escribimos relatos basados en denuncias de dicho delito, principalmente en el marco del conflicto armado. Buscamos dar cuenta de elementos de esta violencia que por lo general son dejados de lado u omitidos en los informes oficiales. Contamos historias desde lo subjetivo, el sentir, el detalle y el recuerdo como una alternativa al lenguaje institucional, a los números y a los resultados de la guerra. Trabajamos junto a la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales, entidad que procura garantizar el acceso a la justicia de las víctimas de violencia sexual, mediante jornadas de denuncia colectiva y seguimiento a la política pública, entre otras. Junto con la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales hemos publicado Relatos de Antioquia (2016) y Relatos del Cauca (2017).

Esta edición está dedicada a quince relatos, basados en denuncias de violencia sexual hechas en Tumaco. Aquí en El Cauce, presentamos dos de los relatos.

Relatos de Tumaco

Negrita bella

 

No he podido parar de pensar en ti. Es que yo me miro al espejo y te veo, tenemos cosas tan parecidas: piernas, brazos, pelo, vagina, corazón. Pero ¿cuántas manos eran las que te torturaban esa noche?, ¿lo recuerdas?, ¿cuántas voces? Unas voces así, de esas mismas que te acecharon, las escuché yo, el otro día, que me bajaba del bus; unos hombres en un callejón oscuro me miraban y me miraban. Sentí miedo pero tenía que bajarme y caminar para llegar a la casa. Entonces, regresaste a mi mente, de nuevo tu denuncia empezó a resonar en mi cabeza. Me acordé de las cosas que no alcanzaba a entender o no alcanzaste a decir, cosas que aún me ponen a temblar. Tus palabras se me escapaban, pero las sentía tan vivas. Denunciaste cómo fue que te vendaron la cara, te tiraron al piso y yo sé que el pánico te circundaba por el cuerpo como a mí esa noche. Me decías que te quitaron la ropa, te tiraron al suelo, te golpearon más y más la cara.

¡Hagámosle de todo! –dijeron esos tipos, seguramente entre risas– por eso yo te pensaba tanto mientras me bajaba del bus acercándome al callejón o a las voces. Tu denuncia reclamaba que eran cuatro, cuatro voces las que escuchaste, cuatro manos que sentías por tu piel antes de que te desmayaras del dolor. Tu voz pasaba por mi cuerpo, las palabras de tu denuncia caían sobre mí mientras caminaba por la avenida, me dolía el vientre, se me estrujaba el estómago, algo en el pecho me ardía.

 

 

Pero pensaba en ti y caminaba por el callejón que se me hacía interminable, ¡Venga reina que yo le hago de todo! —gritaron, esta vez, dos voces. Paré en seco y recordé “me vendaron la cara, escuché varios tipos y empezaron a desnudarme”, sí, esas eran tus palabras, las palabras de tu carta… entonces me dio menos miedo cruzarme con los carros que con esos tipos. Veía la luz de los autos venir hacia mí y con cada luz más detalles de la denuncia: que te quedaste un rato tirada en el suelo inmóvil, que luego te bañaste, pero que el olor no se iba, que el miedo no se iba. ¡Venga mami que no le pasa nada! —me gritaron las dos voces, ¿o eran cuatro? Caminé con más furia, algo hirviendo me subía por la garganta, me llenaba de rabia. Pero pensaba en ti y caminaba, caminaba con la cabeza en alto hasta que la noche se tragó las voces y se quedaron los tipos entre el humo de los buses. Corriendo llegué hasta la puerta de mi cuarto, necesitaba leer tu denuncia en voz alta:

Después fue que llegaron a amenazarme a donde mi amigo, que si decía algo a alguien me bajaban a balazos. Y yo con el cuerpo todo achacado, hecho harapos, me dolía todo, pero no era solo de los golpes sino de sentir ese miedo, qué tal le hicieran algo a mis papás o a los chinos. Sólo me tumbé de lado en la cama y ya. No podía caminar siquiera, y ni fui al médico, pero se siente bien ahora contarte, contarles, que eran delincuentes comunes, así, gente de por ahí y ¡se siente bien denunciarlos!

Puse tu denuncia en el espejo, me miré unos segundos, el ardor de mi pecho y mi garganta había subido hasta mi boca. Entonces, abrí mi ventana, bien abierta y escupí un denso, largo y parabólico gargajo hacia el callejón.

María Fernanda Buitrago
Ilustración: Victoria Cruz Roldán

Titubeé

Gabriela Guerrero
Ilustración: María Díaz

Los relatos que aquí presentamos son fruto del acercamiento del Grupo las Troyanas a testimonios de violencia sexual de mujeres afrocolombianas.

“Atravesaron nuestros cuerpos y suscitaron, desde nuestras historias particulares, un murmullo sobre temas que, como mujeres, ciudadanas, posibles madres, parejas, víctimas y victimarias, nos convocan. Escribimos relatos de cacao o coca, de madres valientes, de ríos sucios, de sentires profundos, de tierras en disputa, de guerra y de familia. Desde Bogotá, escribimos basadas en denuncias de violencia sexual, provenientes de las jornadas de denuncia colectiva que realiza la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales en diversas regiones del país. El acceso a las denuncias, así como su uso para la creación de estos relatos, fue aprobado por las denunciantes y por la Red de Mujeres Víctimas y Profesionales.”

 

Para conocer otros relatos entra a este link.