ESCRITOS

Antípodas y geografías circularesCamilo G. Falla

Antípodas y geografías circulares en una escena de Wong Kar-wai

«El que anda con la cabeza, señoras y señores, 

el que anda con la cabeza tiene el cielo 

como abismo bajo sus pies». 

Paul Celan, El Meridiano

Hay una escena de Happy Together (1997), del director cantonés Wong Kar-wai, que es una escena global: esboza algo redondo, esférico, con forma de globo. La película sigue a Lai Yiu-Fai, quien proviene de Hong Kong pero vive en Argentina, adonde ha ido junto a un amante, Ho Po-Wing, “a empezar de cero”. 0: el más redondo de los números. Ambos están atrapados en un círculo vicioso: se aman, sufren, rompen y Po-Wing le dice a Fai una y otra vez: “empecemos de nuevo”. Los personajes anhelan geografías tan asombrosas (las cataratas de Iguazú, el fin del mundo en Ushuaia) que parecen hipotéticas, a medida que divagan por viajes frustrados en carretera, calles de Buenos Aires, baños y teléfonos públicos, inestables lugares de trabajo, cines. En la escena a la que me refiero, Fai está sentado en un sofá del cuarto-apartamento que tiene en arriendo y, en esa intimidad, oímos su conciencia: “De nuevo tengo problemas para dormir. Viendo televisión, me di cuenta de que Hong Kong y Argentina están en sitios opuestos del mundo. Me pregunto cómo se ve Hong Kong patas arriba”. De inmediato, la película hace algo que sólo el cine puede hacer: de ver un Fai reclinado hacia un costado y con la mirada hacia el techo, pasamos a ver una serie de planos de Hong Kong al revés —avenidas más o menos despejadas, señales de tránsito y letreros al revés, y grandes edificios que se extienden hacia abajo, hasta el cielo.

En medio de imágenes masivas de una globalización repleta de estereotipos que ridiculizan y comercializan la diversidad humana y geográfica, esta escena muestra que es posible otra globalidad (muy distinta de la que nos ha tocado) que sea así: circular, terrenal, terráquea. Se trata, al ver estas avenidas, de descubrir en la experiencia lo que creíamos ya saber en el conocimiento: que el mundo es redondo, esférico (o casi), que yendo en línea recta (en realidad curva) hacia el Occidente terminamos en el Oriente, que también el horizonte es una curva, que la geología es una ciencia maravillosa (tan importante para dar sentido a lo global del mundo como la ciencia política o la sociología, y quizás más que ellas). Y, además, esta escena de Happy Together me lleva a una experiencia que yo nunca había vivido —o quizás cuando sí, de niño, y esta globalización de mentiras me hizo olvidarlo. Me hizo sentipensar (como a Fai su diminuto aparato de tele-visión) un descubrimiento: que, como la gravedad atrae todo no hacia abajo sino hacia el centro de la tierra redonda, en el opuesto exacto del lugar donde uno está en el mundo, todo está al revés, patas arriba, y que mi “arriba”, lo que está arriba de mi cabeza, está en realidad bajo los pies de alguien al otro lado del mundo. Y que cuando miro hacia el suelo que pisan mis pies, mi mirada va en una dirección que podría atravesar el suelo, capas geológicas, incluso el centro de la tierra, llegar luego hasta la superficie del otro lado, y seguir hasta dirigirse al cielo de alguien más en Lampung, Indonesia, que es la antípoda de Bogotá, el lugar del mundo más alejado de aquí, y con respecto al cual todos nosotros caminamos patas arriba.