ARTES PLÁSTICAS

TERRA ENDINS/InlandFernando Adam

El trabajo de Fernando Adam se inicia con sus estudios de arte y diseño en el Instituto Neumann de Caracas, bajo la guía de destacados creadores venezolanos y europeos. Su oficio y disciplina de artista se moldean en el ejercicio de taller orientado hacia los principios de la Bauhaus y a la búsqueda de una integración entre arte e industria. Es en ese ambiente volcado a la experimentación con técnicas mixtas, con los lenguajes modernos y contemporáneos en el uso de los materiales, que se despierta su pasión por el trabajo manual y constructivo. Una vocación que lo lleva a dedicarse tempranamente a la práctica profesional de la carpintería y del diseño industrial desde su atelier de diseño Adam Mix-Media.

Tierra adentro plantea múltiples etapas de un trayecto que es a la vez punto de partida, destino y deriva. Tierra adentro explora un territorio de ambigüedades donde los distintos planos de ese movimiento se entrecruzan, se atraviesan, a la vez que albergan y son acogidos, se afectan mutuamente. Ya no hay más separación entre su jeto y objeto, figura y paisaje, pues todo se traspasa y forma parte de lo mismo. El trayecto que propone esta exposición es un camino hacia la intimidad —allí donde la intimidad llega a convertirse en un acto subversivo.
Desarrollar un cuerpo de trabajo y articularlo para una exposición en tiempos tan fragmentarios, dispersos y contradictorios como los que vivimos no es tarea fácil. El tiempo de reflexión se encuentra en un campo minado y la saturación de estímulos no deja otra alternativa que el despojo, la vía mínima, la honestidad como un trayecto que desborda toda posibilidad de un mapa. Tierra adentro se sitúa en ese camino como una casa abierta, como una invitación a que pueda ser transitada y habitada en un tiempo de silencio e introspección. En la intimidad confluyen y dialogan arquitecturas, paisajes y retratos emocionales; en la intimidad de ese diálogo se construye un vínculo frágil, afectivo, y ese acto simple se revela como una verdadera y profunda inmersión.

“La noción de hogar aparece hoy envuelta en un aura mítica, el sentido de permanencia ha trocado en concepto peregrino. Una inercia fluyente nos impele a navegar por pequeños arroyos de curso incierto. Lo que llamábamos “casa” no se asienta ya en cimiento alguno; sus ventanas carecen de cristales y postigos; las puertas son vanos desnudos. Así representa Fernando Adam la arquitectura doméstica, como una intimidad hecha de oquedades expuestas a la intemperie. El único mobiliario de estos espacios vacíos son escaleras (que de algún modo remiten a ese andar perpetuo, a ese ascender ilusorio) y, sobre todo, sillas que invitan a la contemplación de una naturaleza sublime; y aunque las sillas también apuntan a la posibilidad del diálogo, de la convivencia, perdura la impresión de que todo, casa y paisaje, es proyectado por monólogos interiores.

Estancias espartanas, desprovistas de cualquier indicio de vida familiar o que revele algún rasgo del ocupante; pues sus inquilinos son provisionales e intercambiables, condenados a la trashumancia física y emocional. Emplazados en paisajes oníricos de extremo lirismo, esas moradas funcionan como miradores o como albergues, posadas provisionales del alma errante. En otras ocasiones, se asemejan a casas prefabricadas al mostrarse desmontables y re-construibles en cualquier emplazamiento, con la diferencia de que las de Adam son esencialmente metamórficas, adaptándose a los sutiles cambios atmosféricos.

Porque al fin y al cabo estas casas de apariencia vulnerable son metáforas de nosotros mismos. Buscan su lugar y han adquirido facultad adaptativa pero pisan tierra poco firme, siempre meciéndose en terrenos pantanosos de quimérica belleza. La lúcida observación de Gaston Bachelard (en La poética del espacio) sobre el ser como ente “desfijado”, que “no sabe si corre al centro o se evade de él”, cobra un nuevo sentido en una época en que volvemos a sentir con ímpetu esa dialéctica entre las fuerzas centrífugas y las centrípetas que nos contienen a la vez que nos expanden. En las pinturas de Adam queda expresada esa duplicidad entre la necesidad de fugarse de uno mismo y la nostalgia del arraigo.”

Anna Adell
Historiadora y Curadora de Arte Contemporáneo