ESCRITOS

La imaginación es una cosa extraña
Juliana Rodríguez Pabón

Reseña de Stranger Things, Temporada 1

Stranger things es una de las más recientes series originales de Netflix. Empieza con la desaparición de Will Byers, un niño de 12 años que vive en Hawkings, Indiana. A raíz de esto, se emprenden tres investigaciones paralelas: la de sus amigos, tres niños de su edad con los que él acostumbra a jugar juegos de fantasía -a este grupo se sumará Eleven, una niña que ha escapado de un laboratorio y con la que se encuentran Mike, Dustin y Lucas, amigos de Will-; la de dos adolescentes: Jonathan, hermano de Will, y Nancy, hermana de Mike; y la de los adultos, Joyce, madre de Will, y Hopper, jefe de policía.

Lo primero que se ha dicho de esta serie es que es un impecable homenaje al cine de la década de los 80 pues recuerda películas de Steven Spielberg y John Carpenter. Además de esto, cuenta con una banda sonora llena de clásicos ochenteros y los niños se la pasan referenciando a Star Wars y a los X-Men. Los niños usan estas referencias para explicarse la desaparición de su amigo. En su primera expedición al bosque en busca de Will, los niños conocen a Eleven, una niña muy rara que tiene el poder de mover objetos y humanos con su mente. Cuando ven los poderes de la niña, el grupo de amigos entiende que ella es como el Professor X. Así, en la medida en que usan la ficción (los juegos, los cómics) para explicar y entender su realidad, a ellos les resulta más fácil creer. Es por esto que su investigación siempre va más adelantada que la de los adultos, pues como ya han jugado Dungeons and Dragons, saben lo que es un Demogorgon; y como ya han leído los cómics de los X-Men, entienden la condición de Eleven. Así, la serie reflexiona sobre cómo se puede ser mejor detective y mejor científico si se tiene imaginación. Creo que es por esto mismo que los niños tienen una facilidad especial para definir cosas que Eleven les pregunta, pues son observadores del mundo real y de la ficción, el juego les parece tan serio como la investigación que llevan a cabo, ambos son de vida o muerte.

La imaginación, sin embargo, la disfrazan a ratos de paranoia. Todo sucede en noviembre de 1983, últimos años de la Guerra Fría entre Estados Unidos y Rusia. La serie narra las investigaciones desde el día de la desaparición de Will mientras hace flashbacks a la vida de Eleven en el laboratorio, antes de conocer a los niños. En uno de esos recuerdos, sobre el día en que “hizo contacto”, aparece un ruso. El laboratorio está experimentando con humanos para ganar la guerra silenciosa. La serie muestra, entonces, cómo los avances tecnológicos y la pregunta por el más fuerte desencadenan en otras preguntas sobre el ser humano -el laboratorio experimenta con drogas para crear un superhumano que sirva de arma y para ver hasta donde llegan los límites de la mente-, y sobre otros mundos -desde Rusia hasta una dimensión paralela-. Este despertar de la imaginación es tema central de la serie, pues todo el tiempo hace guiños sobre cómo la ciencia y la tecnología pueden hacernos estar en dos lugares al mismo tiempo: los niños se comunican por walkie-talkies, Joyce hace contacto con Will a través de las luces de navidad, el laboratorio tiene vigilado a todo el pueblo, Eleven usa el radio del colegio para comunicarse con Will y en sus recuerdos nos muestran que ella puede, en efecto, estar en dos lugares al mismo tiempo.

Durante la Guerra Fría y a raíz de todas estas preguntas sobre otros mundos y otras formas de vida, el ser humano empezó a imaginar teorías de conspiración que parecían improbables, pero que tal vez eran posibles. Lo mismo le ocurre a Joyce, madre de Will, que se comunica con su hijo y nadie le cree, al contrario, le aconsejan ir a un psiquiatra. Así, la serie muestra cómo el secretismo es también una forma de tener poder sobre los que quieren develar la verdad, pues al dejar a alguien sólo en su versión, los leemos como locura. En este sentido, la locura maternal de Joyce puede equipararse al secreto del laboratorio, pues hacen creer locos y paranóicos a los que tuvieron la imaginación necesaria para sospechar de ellos. De esta manera, la serie muestra cómo quienes descubren la verdad y quieren mostrarla, son sólo aquellos que fueron muy locos para imaginársela.

Bonus (o cosas que me gustaron):

– El cambio de vestuario de Nancy a medida que se va involucrando en la investigación.

– El cover de ‘Héores’ de David Bowie por Peter Gabriel en una de mis escenas favoritas.

– Los niños diciendo groserías y explicándole a los adultos fenómenos físicos.

– El nombre que le dan a la otra dimensión: el upside down (asumiendo que nuestro mundo es el upside).