DIÁLOGOS

Entrevista a Iván Hernández Frailejón Editores

El Frailejón es una planta que crece en los nevados, por lo general a más de 3 mil metros de altura. Tiene la propiedad de conservar las aguas y multiplicarlas. Iván Hernández, el fundador de Frailejón Editores nos cuenta que cuando era joven y solía caminar por los nevados, se enamoró de la planta. «Cuando se trató de definir un nombre, pensé que podría estar bien: dije “Esto es agua, los libros y el arte en general son agua para el espíritu, pues, para la sed del espíritu”, entonces intentamos hacer libros para la sed del espíritu». Con la misma devoción, conversamos con Iván acerca de la importancia de la literatura, el arte y la educación para la sociedad.

El Cauce: ¿Cómo nació la editorial Frailejón?

Iván Hernández: Yo fui profesor toda mi vida, de literatura. En la UdeA, trabajé 30 35 años, algo por el estilo, como profesor. Y durante ese tiempo tuve dos actividades complementarias a la labor docente: escribí dos libros y fui editor de la Editorial Norma. Fui director de colecciones. Cuando me retiré de la universidad, cuando me jubilé, pensé que me gustaría… La editorial Norma fue una editorial muy grande en el mercado latinoamericano, y en Colombia principalmente.  digamos que yo dirigí una colección que se llamaba Cara y Cruz, y tuvimos a los grandes autores latinoamericanos en el Fondo, empezando por García Márquez. A mí me gustó el trabajo de editor, sobretodo en paralelo a mi trabajo enseñando y traduciendo cosas. Pensé entonces en montar un proyecto editorial. De eso hace aproximadamente ocho o nueve años y ahí comenzó todo. Trabajé durante los años 90 con la Editorial Norma, haber escrito, y de algún modo sigo siendo un buen lector y tengo buenas relaciones con algunos autores y pensé que sería una buena manera de continuar con mi labor, y empecé con el proyecto editorial.

EC: ¿Cómo es el proceso de cada libro?

IH: Primero decidir. Tenemos unas colecciones. Decidimos año tras año qué colecciones queremos reforzar, a cuáles les vamos a meter la ficha. Tenemos dos colecciones importantes. Una es de poesía, es poesía clásica, es decir autores a los que el paso del tiempo les ha dado un lugar muy importante en la historia de la literatura, y otra con autores contemporáneos, publicamos en su mayoría literatura escrita originalmente en español. Es decir, literatura colombiana, latinoamericana y española. Queremos contar con los grandes poetas vivos y publicar a casi todos los maestros de la literatura en lengua española. La colección es la más grande en la editorial, entre las distintas esta ocupa un lugar muy importante. La razón es que a mí me gusta mucho la poesía, yo no escribo poesía, pero leo mucha poesía, y me parece que es la copa más elevada de expresión del espíritu y de la belleza. Me gusta la narrativa también y tenemos algunas colecciones de narrativa, pero el énfasis se lo hemos puesto a la colección de poesía, tanto de clásicos como de autores contemporáneos. Tenemos una colección de ensayo, el ensayo es una reflexión alrededor de la vida, alrededor de la naturaleza, de las relaciones entre los hombres. El ensayo tiene muchísimo que ver con las ideas y con la inteligencia. No es ficción, es decir, el ensayo es sobretodo una reflexión y queremos hacerle mucho énfasis a esa colección de ensayo. Creo que tenemos unos 15 o 20 títulos publicados en esa colección, y nos interesa mucho.  Hemos publicado, por ejemplo, entre los títulos de esa colección que yo quisiera destacar, hay un libro sobre el Chocó, escrito por un gran poeta colombiano: Eduardo Cote Lamus, que fue al Chocó, hace unos 30 años o algo así, siendo funcionario del gobierno, y volvió del Chocó fascinado, maravillado, triste, herido, rabioso y escribió un libro muy lindo sobre el Chocó, que se llama Diario del Alto San Juan y del Atrato, nosotros decidimos publicarlo, conseguimos los derechos y se lo mostramos a un ilustrador. Sobretodo tenemos un ilustrador que le ha dado el carácter a la parte gráfica de la editorial, se llama Daniel Gómez y es a mi juicio uno de los grandes ilustradores que tiene este país. Publicamos también libros sobre la naturaleza, sobre la organización política de los estados, sobre literatura…tenemos otros libros, publicamos narrativa joven, hemos encontrado cosas realmente muy buenas con escritores que no habían escrito antes. Tenemos una colección de obras clásicas breves de la literatura universal. Queremos abarcar cosas muy importantes, muy buenas de la literatura, en formato pequeño. No podemos publicar libros voluminosos porque primero nos resulta muy costoso, nosotros trabajamos con papeles finos, y segundo por el formato que como que no funcionan bien. Entonces obras breves, pero muy buenas.

EC: Desde su rol como difusor de arte, como editor ¿Qué relación considera que existe entre los acontecimientos del presente (todas las coyunturas sociales, el cambio climático, los procesos de memoria, la economía global, la cultura transnacional, etc.) y el arte, la literatura?

IH: No sé, creo que cada vez el arte es más indispensable para vivir, y la gente tiene más necesidad de él. Creo que también la decisión de hacer libros con un componente artesanal importante, es decir, en el computador está todo, el libro bonito, vale la pena tenerlo. Creemos que la labor editorial es una labor también de educación de la sociedad, que el editor tiene una responsabilidad importante. Puede hacer más. Si los libros que hace son buenos libros, y llegan a los lectores, hacen la vida de las personas más amable, le dan un sentido a las cosas. En general, es casi impensable una vida en la que la belleza no cumple un papel importante. Trátese de la belleza de una obra literaria, o de una obra de arte, o de una obra musical. Sin arte la vida no tiene mucha gracia, no que no se pueda vivir, sí se puede vivir y hay muchísima gente que vive bien sin necesidad de arte, pero con seguridad que si lo tuviera, tendría mayores satisfacciones y su relación con su vida, con él mismo y con los otros sería más rica, más variada y más llena de encanto. Por eso hacemos estos libros.

EC: ¿Esos libros resuelven algo o solamente funcionan como una especie de refugio, o de consuelo transitorio?

No creo que resuelvan mayores cosas. Hay cosas que resuelven cosas mejor, buenas políticas del estado, que haya seguridad, que haya salud, que haya buena educación, seguro que eso es más importante, para la inmensa masa de la población está muy bien. Yo creo que los libros son para quien los quiere, para quien adquiere el hábito de la lectura, creo que son una manera muy agradable de sustraerse un poco de los afanes diarios, y de la vida tan difícil que se vive en este momento. Los buenos lectores no son mejores ciudadanos, nada de eso, por lo general son unos vagos que se dedican a leer, pero creo que para la vida individual es muy importante.

EC: ¿Cada uno decide qué es arte o quién decide qué es arte, y cómo lo decide?

Se me ocurre lo siguiente: cada uno tiene absoluto derecho a creer que tal cosa es muy bella y tal otra no, las libertades individuales hay que respetarlas y el derecho a que cada uno decida qué le gusta y qué no le gusta. Creo, sin embargo, que hay personas cuyo criterio es más valioso e importante que el de otras personas. Es decir, si yo soy un oyente habitual de música clásica, muy seguramente no voy a aceptar, y no me va a gustar cierto tipo de música contemporánea. Entonces yo digo que esa música no es buena, aunque muy seguramente lo sea. Creo que el criterio de los conocedores, más bien, de los amantes de un arte, es un criterio que vale la pena tener en cuenta. Lo que hace el tiempo no es otra cosa que ir depurando un poco eso, sacando lo que es escoria y dejando lo que es importante. Creo que naturalmente cada uno tiene derecho a decir “a mí lo que me gusta leer es esto” así los críticos digan que eso es pésimo, que es muy malo, tiene todo el derecho a elegir eso. Una persona habituada, que tiene una estrecha relación con la vida del espíritu, y con la de algún arte en particular, ese concepto es un concepto que creo yo, debe ser más valioso.

EC: ¿Entonces el arte solamente pertenece a una parte de la sociedad o pertenece a toda la sociedad?

IH: Si vas al museo de Antioquia, o a la Plaza Botero, vas a encontrar que la gente disfruta con esas esculturas que están en el parque, la gente disfruta y le parecen lindas, y las toca, y se ríe y se toma fotos y se divierte con ellas. En estos últimos años, desde que existe ese parque, la gente se familiariza y empieza a sentir que hay algo bonito, que hay algo bello, esa familiaridad va generando una simpatía y un conocimiento. Creo que así sucede en general con las artes, es decir, me imagino que los campesinos de San Agustín veían las piezas y no les causaba mayor impresión, pero a medida que llegaron los investigadores, los antropólogos, los arqueólogos y le fueron dando el valor que realmente tienen, creo que también los campesinos empezaron a reconocer eso y ya en este momento tienen una clara conciencia de esa cultura y de la belleza de esas esculturas. Me parece que el arte se va popularizando a medida que se cumple una labor de difusión, y creo que en eso la educación tiene un papel importante. Si en el colegio los profesores de primaria y secundaria fueran muy buenos profesores, creo que se elevaría sensiblemente el conocimiento y el disfrute del arte, por parte de las amplias masas de la población. Yo creo que una labor importante es mejorar y depurar las facultades de educación, y hacer de los profesores los seres más importantes de la sociedad. En estos días leía yo un texto, creo que es de Máximo Gorki, sobre Antón Chejov, y contaba que en alguna ocasión invitaron a Chejov a una región apartadísima en Rusia a conversar con los niños de una escuela, y de pronto vio un viejito que estaba ahí al lado, y Chejov le preguntó: “¿Usted qué?” y el señor dijo “yo soy el profesor”, y Chejov le dijo: “Hágame el favor y se sienta adelante, aquí no tengo que estar yo, usted es la persona más importante, más importante que las autoridades civiles, que el rector, venga”. Es el profesor quien tiene la relación diaria con los alumnos. Yo creo que una labor de difusión del arte, de la cultura propia, es muy importante y puede llegar a cambiar las cosas. Y creo que eso es así, creo que hay una labor del estado, del ministerio de cultura, del ministerio de educación que no se cumple en muchos casos, y que debería ser la preparación de muy buenos maestros para las áreas rurales, de manera en que se pudiera ennoblecer y dignificar la vida de la gente. Porque el arte no hace otra cosa que ennoblecer y dignificar, que dar un sentido bello a la vida.

EC: ¿El artista debe ser un académico?

IH: No sé si académico en el sentido formal, pero sí debe ser un estudioso, debe ser un pensador. No quiero decir que todos los artistas, hay artistas que hacen las cosas de una manera muy natural, sin mayor formación y lo que hacen es espléndido. Pues, la historia del arte está llena de genios, que han desarrollado sus capacidades, pero sí creo que el conocimiento y la reflexión pueden hacer que el artista pueda desarrollar todos sus talentos, y toda su intuición, su capacidad imaginativa, pueden encauzarla y hacer de ello algo mejor.

EC: ¿Ese artista tiene un deber social?

IH: Sí, creo que él también es responsable, porque es un pastor de almas. No digo que tenga que hablar de lo que es bueno y es lo que es mala. Pero debe ayudar a que la vida de las personas sea mejor. No que se lo tenga que proponer mientras está creando, muchísimas grandes obras del arte y la literatura son reflexiones terribles, y acusaciones formidables contra la vida, contra el sentido horroroso de la vida, pero creo que en el fondo lo que hacen es llamar la atención sobre aspectos de la vida humana que son muy duros. Quiero decir, no creo que el arte tenga una función social muy grande, pero me parece que el artista sí la tiene, de hacer cosas bellas, no buenas, sino bellas. Esa es su tarea, su responsabilidad.