ESCRITOS

Dédalos Compilador: Johan Mendoza Torres

Prólogo

El Departamento de Humanidades y Formación Integral de la Universidad Santo Tomás, decidió emprender desde finales del año 2019 el diseño, construcción y lanzamiento de la cátedra complementaria Pensamiento Latinoamericano desde la Literatura con el fin no solo de apuntar al crecimiento de la oferta académica que tienen a su disposición los estudiantes, sino también, para mantener la idiosincrasia y el enfoque humanista mediante espacios académicos que como este, permitieron hacer emerger en nuestros estudiantes, sentidos y estéticas mediante el arte de la palabra; un arte que muchas veces no logra escapar del academicismo y queda silenciado esperando suceder. 

Pues bien, pensar en Dédalos, el hijo de Eupálamo y Alcipe, es pensar en laberintos, en aquellos surcos, corredores y recónditos lugares en donde muchas veces habita la mente humana. Como colombianas y colombianos, tenemos la oportunidad latinoamericana para lograr observar la realidad como gesto fundacional de lo imaginario, con esos ojos del Realismo Mágico que implementaron García Márquez y Juan Rulfo o bien de sumar esos contextos que chocan para hacer emerger el suceso real y maravilloso del que habló Alejo Carpentier. Nosotros no tenemos que imaginar nada… basta con salir, o simplemente con observar por la ventana, este mundo posible de la que Martí llamara Nuestra América. 

Dédalos es entonces, no solo un producto, sino un ardor de estudiantes de Colombia que tuvieron la oportunidad de decir, observar, sentir y escribir este libro. Gracias a todas esas mujeres y a todos esos hombres que hicieron esto posible. 

Dédalos

Inefable locura

En mis vagos pensamientos siempre ha estado presente la idea tal vez equívoca, de que por alguna razón estamos conectados con un “yo”, de otra vida y que en sus ratos libres viene a nosotros para invitarnos a volar por su desfigurada realidad, que vuelve dementes los sueños y los carga de sentido inexplicable para así podernos escapar por unos minutos a través de ese agujero negro rumbo a la insensatez. 

Una Noche, mientras reposaba mi cuerpo cansado de la soledad que produce la cuarentena, no recuerdo exactamente la hora ni que día marcaba el calendario; recibí una llamada de una mujer cuya identidad no quiso revelar, con voz desesperada me dijo que estaba enloqueciendo porque recibía en su casa visitas inesperadas a la misma hora y siempre de la misma manera. La intriga invadió mi cuerpo y le dije que por favor me contara todo sobre esos extraños sucesos, a lo que ella respondió: 

Corría a través de los matorrales frondosos que estaban en los linderos de la finca, cuidaba que mis pies no tropezaran con alguna hoja seca, pues quería evitar el sonido que me delataría ante los sentidos atentos de mi hermano mayor que como siempre fue más sagaz que yo, alimentado por el afable sabor del triunfo. Entonces, fue en ese momento cuando a lo lejos como a unas 150 leguas de distancia la voz dulce de mamá nos invitaba a que volviéramos al rancho viejo de palmicha, sustentado por unas columnas de cedro y rodeado con unas latas de bambú; allí se encontraba junto a mi padre cocinando el jugo que emana de las cañas atravesadas por el trapiche corroído ya con el óxido, que luego viajaba por un tubo de PVC hasta llegar a las gigantes canteras que zapateaban al nivel del fuego bajo ellas, un fuego que parecía consumir todo a su paso. Empecé, a correr ladera arriba guiada por el indescriptible olor que se filtraba a través del follaje de caña, con la esperanza de poder deleitarme de la reciente miel salida que reposaba en unas hojas de plátano; pero, por más que avanzaba no lograba encontrar el camino correcto, tampoco la voz de mi hermano; y fue entonces, cuando decidí en un acto de desesperanza cerrar mis ojos tan profundamente como si quisiera reiniciar todo lo que ocupa mi ser, para desaparecer y poder organizar mis nociones que viajaban de un lado a otro sin control alguno y ocurrió todo lo que no pude desear jamás… 

Una extraña fuerza me arrastra cada noche a la intolerable desdicha de mi frágil cuerpo reducido a polvo, por esa maldita gota candente que cae una vez más para explicarme de manera burda que aún estoy aquí, colmada de inmundicia humana. ¡Sí! Justo aquí, siendo testigo de esa espesa nube negra que cubre la habitación fría. ¡Tan fría! Que se mete a través de mis huesos hasta lo más profundo de mis secretos, allí donde se guardan los demonios de mi validez; pero para ser sinceros eso ya no me importa, pues a lo largo de los días he entendido que este infierno me pertenece, es tan mío mucho antes de que la desgracia alcanzara mis pasos. Sin embargo, este nauseabundo olor a muerte provoca en mis entrañas feroces gritos que claman por unos segundos de aire fresco pero que mi existencia ceñida a líquido no lo permite. En alguna parte de estas cuatro paredes cuelga un reloj, aquel que me cuenta chasquido a chasquido que la hora se acerca -quisiera odiarlo- pero mi mente se encuentra ocupada jugando a escaparse en un universo de tal misericordia con mi alma, aquella que vaga junto al aire susurrando al mundo lo insignificante que son todas esas masas compuestas por cientos de moléculas y átomos, que tratan de ocupar un lugar en el espacio, siendo cómplices de una vida absurda. 

Por tan lejos que navegue mi ser siempre regresa junto a su cuerpo cuando el reloj indica las 4:30 de la mañana y así juntos (cuerpo y alma) yace minuto a minuto cuando el dolor parece disfrutar mi desgracia. Las vértebras y huesos se van rompiendo uno a uno y me siento miserable de nuevo. Deseo escapar, pero no puedo, ¡no puedo! porque mis piernas languidecen cuando lo intento y la desesperanza una vez más, se toma mis sentimientos para sofocarlos con la insufrible carga de la vida. 

Me obligo a preguntarme ¿soy yo? o es el demonio de la mazmorra 15, que ha venido para atravesar el espejo que dividen nuestras realidades, juega conmigo y se burla de mi exasperación, ríe tan alto y a carcajadas que mi mente no lo soporta. Segura, de que estábamos en esa habitación los dos luchando cual ciervo y león cada uno con la idea firme de conservar la razón única; de repente atraviesa la puerta una mujer que viste con ropas coloridas, demasiado carmesí sobre sus frondosos labios y un sombrero agigantado que cubre casi la mitad de su rostro, resulta un espectáculo que acapara toda la atención en cuestión de segundos y como si estuviéramos en una sala de cine, mi contrincante toma asiento en alguno de mis alocados pensamientos para apreciar la función en primera fila. La mujer, alza a cuenta gotas su rostro y me enseña como a tono de mofa que ha tomado posesión de mi cuerpo. ¡Basta ya! Le gritó con mucha fuerza, acaso ¿Hoy todos quieren burlarse de mí? 

Mientras, froto con ánimo la piel que cubre mi cara, la recién llegada de los 60s bota su cuerpo al borde del sillón sucio y de su pintoresco bolso saca una botella de vino con una forma extraña, me ofrece el primer trago y en un gesto de cansancio estiro mi brazo para recibir la copa, llena hasta el tope de un líquido blanco burbujeante muy sabroso a mi paladar. Entre copa y copa, la roba cuerpos, esa mujer de colores llamada Jane me cuenta los relatos de su vida pasada; se trata nada más y menos que de una historieta sobre aquella vez, en un lugar lejano pudo conocer a un hombre del cual estuvo perdidamente enamorada. El señor Franken, que bajo sus párpados escondía los ojos más hermosos de todas esas tierras, tenía un don excepcional con la capacidad de poder atraer a la mujer más bella y rica de la región, lo cual significaba que Jane no estimaba la más mínima posibilidad de algún día estar entre sus brazos colmando sus ansias de pasión desaforada. Fue así, como la imaginación de la protagonista voló y en un acto irracional decidió convertirse en la duquesa Catherine, una mujer poderosa que ostentaba su riqueza en todas las expresiones posibles, egoísta y blindada al amor, menos si se trataba de un pobre don Juan que deseaba de ella, nada más que sus libras de oro. Catherine, llevó sus macabros planes hasta las últimas consecuencias, pero lo único que pudo lograr fue quedar ante la desagradable sociedad como un psicópata falta de atención. 

Volviendo a nuestro cuarto, cómplice de los secretos de Jane el reloj marca las 12 del mediodía y ella se resbala suavemente sobre el cuero que cubre el sillón, da un salto y en menos de un parpadeo está sentada junto a mí, me susurra al oído que ya es momento de partir, pero no logro concretar ninguna idea de lo que me dice enseguida, solo sé que el olor del alcohol ingerido ha atrapado toda la atmósfera y se filtra por mi nariz llevándome a un festival de letras sobre mi cabeza. Jane, se levanta de la cama y camina hacia la puerta, de repente da un giro y veo su figura envuelta en humo diciéndome… 

¡No olvides que mañana vendrá Dorotea!, te encantará porque es igualita a ti. 

La mujer, se detuvo en su relato y el silencio a través del teléfono no se hizo esperar, en mi mente solo podía pensar que se trataba otra vez de mí. Sin embargo, nada de esto tenía sentido y cuando quise soltar 

Angy Paola Bustos

Premonición

Mayo, mayo, mayo, qué tienes que desde el vientre vienes llorando… atardeceres que aún no llegan, me cuentan de tus quejas, mayo largo, longevo mayo. 

Qué traes entre tus manos, 

Qué harás con nuestras eternidades solitarias 

Qué será de las epifanías con las que construyamos letras entre la belleza y mi alma que la incita. 

Mayo largo, mayo sabio, entréganos tus secretos sobre aquel encuentro de nuestros silencios, en el que los atributos de los mensajes y el poder del castellano acierten como un aguacero e’mayo. 

Mayo largo, mayo sabio, qué tienes por contarme sobre su piel de agua, qué tienes por confesarme sobre sensibilidades y cursilerías, sobre sortilegios envueltos en las epístolas. 

Dime tú mi mayo sabio, por qué vienes llorando desde el vientre, si este sacro y solitario mundo en ti está interesado. 

Cuéntame de esos días mi querido mayo, en que tal belleza cerró sus ojos ante los míos, e hicimos del punto final el punto y seguido. 

De la coma el respiro. Con punto y coma, enebro cada letra. Puntos suspensivos garantía de mundos fallidos. Pregunta del lenguaje de lenguajes, ¿cómo es que pudimos llegar a tanto en medio del todo de la nada? 

Hoy más que nunca me he encontrado, quiero morir en mi cama como dijo Lorca, pero jamás abandonarme de toda lucha como los poetas que admiraba Lorca.  

No puedo, soy voz y aliento que sale de mi cuerpo y forma la palabra, que hoy ante tu oído canta, con este viento que se quitará su traje de abril y escuchará nacer su mayo. 

Venía viajando del poema hasta tu puerta, y ahora soy voz y no solo letra. 

Las letras podrán ser zubizarreta, pero jamás las verán por muertas. 

Ahora, en el gobierno de las ilusiones, me quedo con pensar, y preguntar, si tú, belleza única, navegas como yo en los mares de la intriga, por saber de qué tamaño será nuestro encuentro, y qué tan largos serán nuestros sorbos de vino y sus rumores de miradas con sonrisas. 

Dime cómo no pensar en ti querido mayo, si desde el vientre ya vienes llorando. 

Johan Mendoza Torres