AUDIOVISUALES: DANZA

COMENZAR CON EL FUEGO Ana M Contreras

Ana M Contreras, de nacionalidad colombo-española, es una historiadora del Arte de la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano. Sus áreas de trabajo se concentran alrededor de los estudios de performance, la teoría de la danza, la curaduría de arte contemporáneo, y las nuevas tecnologías aplicadas a fenómenos artísticos y creativos. Bailarina y performer con estudios en Ballet Clásico y Contemporáneo, Jazz Contemporáneo, Performance y Danza Experimental: Emma Portner (U.S.), Julia Spiesser (Francia), Stephen Aspinall (Manchester, Reino Unido), Dominic Lawrence (Londres, Reino Unido), Dan Shorten (Londres, Reino Unido), Tory Trotter (Australia). Su trabajo ha sido presentado y apoyado por las siguientes instituciones o iniciativas: NC-arte (Bogotá, Colombia), Cinemateca de Bogotá (Bogotá, COL) Galería Lamazone (Bogotá, COL), Museo Nacional de Colombia (Bogotá, COL), Museo de Artes Visuales MAV (Bogotá, COL), SeeMe “Creatives Rising) Exhibition (Lond Island, NYC), Berlin, B.AGL Exhibition (Berlín, Alemania), ANOMIC Multimedia Theatre (Londres, Reino Unido), The Friday League (Londres, Reino Unido).

OBRA: Comenzar con el fuego

Coreográficamente, COMENZAR CON EL FUEGO se ampara del movimiento impredecible, de la improvisación y de la interacción con el espacio y el sonido, el cual no sólo parte de la pieza musical, sino también del cuerpo, de su sonoridad propia. La fuerza de la expresión corporal se introdujo a partir de un juego constante entre movimientos amplios y combinaciones altamente complejas y variadas, junto a gestos o indicaciones sutiles, descansos y repeticiones.

Créditos:

Dirigido por Carmen Triana.

Dirección de Fotografía por Angello Faccini.

Coreografía & Performance por Ana Contreras.

Edición por Sergio Londoño.

Instalación por Carolina Villegas.

Diseño de Vestuario por LEDA Bogotá.

Maquillaje por Sara Vanegas.

Composición Musical por Guillermo Rendón, reinterpretación por Guillermo

Bocanegra.

Música adicional: Canto de Ordeño. Simón Díaz.

INVESTIGACIÓN: Comenzar con el fuego

Ritual Contemporáneo de Música & Danza

¿Qué se hace manifiesto en lo sagrado y cuál es su existencia activa en el arte? Iniciamos un viaje indagatorio alrededor de la experiencia sensible del arte contemplada desde el punto de vista de los gestos humanos, teniendo como principal sustento la pregunta por lo vital, por aquello que moviliza, dinamiza, transforma y libera el espíritu humano. Entender que la fuerza de lo viviente se manifiesta a través de lo sagrado y se expresa en la cotidianidad humana como obra de arte, hace evidente la necesidad de reconocer el inmenso poder transformador imbuido en el ritual, en la danza y el juego a través de los cuales, la unión de los cuerpos y los espíritus tiene lugar. “(…) La danza afirma el devenir y el ser del devenir; las carcajadas, afirman lo múltiple y lo uno de lo múltiple; el juego afirma el azar y la necesidad del azar”, nos describe Deleuze refiriéndose a Zaratustra para hablarnos de aquel «cuerpo sin órganos» potencializado por el deseo, que a través de su voluntad transformadora, dinamiza y otorga vitalidad al espacio en el que se inserta, al tiempo que produce efectos directos sobre los otros cuerpos y entidades junto a los cuales convive. Fue este «cuerpo sin órganos» deleuziano, uno de los principales referentes de este proyecto artístico, el cual concebimos como un acto ritual en el que convergen cuerpos en movimiento, paisajes sonoros, imágenes fotográficas y objetos.

Comenzar con el Fuego se desprende inicialmente del trabajo investigativo del compositor y guitarrista clásico Guillermo Bocanegra alrededor de la figura del también compositor, organista e investigador, Guillermo Rendón García (1935), titulado Ciclo del Exilio. El trabajo, que constituye una indagación profunda desde la experimentación, ahonda en los aspectos simbólicos y procedimentales de uno de los proyectos más importantes de la larga carrera de Rendón, el ensayo: Antropología del Arte, constantes Andinoamazónicas (2000). En este ensayo, Rendón se cuestiona sobre un tipo particular de grabado inscrito sobre piedra diseñado hace 3000 años por las culturas chibchas del noroeste de Colombia, llamado petroglifo. Estas pictografías, fueron halladas principalmente en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá, y componen un reflejo tanto estético como lingüÍstico de sus formas de organización social, sus creencias religiosas, su relación estrecha con la naturaleza, y más importante aún, el ciclo del nacimiento, la vida y la transformación.

El estudio de estas piezas, desembocaría en la producción de un modelo de lectura al que Rendón denominó constantes, haciendo referencia a los elementos de forma y contenido que aparecen como reguladores y medios de identidad propias de la cosmogonía de un grupo social. Estas constantes fueron definidas así:

  1. Ausencia de Gravedad: Definida como la relación de la densidad y peso de cada volumen representado en relación a un plano gravitacional.
  2. Ausencia de Perspectiva: Se define como la profundidad del espacio resultante de la relación de los cuerpos entre sí, por su volumen, densidad, distancia, luminosidad, sombra, nitidez (…)
  3. Simetría Asimétrica: Se refiere a una relación proveniente de la repetición idéntica. Lo asimétrico entonces genera una repetición variada.

Rendón, 2000.

Este modelo de lectura, sumamente respetuoso con su objeto de estudio, intentaba construir un puente con esos lugares propios pero abandonados y tal misión fue asumida también por Bocanegra al momento de traducir los hallazgos de Rendón a lo que denominaremos «imagen música». En Ciclo del Exilio, Bocanegra toma siete de los petroglifos abordados por Rendón en el ensayo original, y los transfiere a lenguaje musical utilizando como guía, las constantes o “características recurrentes” observadas en los grabados. Comenzar con el Fuego es la pieza que inaugura el ciclo, y es definida por Bocanegra como una suerte de «comienzo doble» o primer movimiento (comienzo de todo y de sí mismo). La composición parte del concepto de lo cíclico y la repetición, a la par que juega con las constantes de «ausencia de gravedad» y «ausencia de perspectiva» y es bajo estos parámetros que se procede entonces al desarrollo de la intervención dancística. Coreográficamente, Comenzar con el Fuego se ampara del movimiento impredecible, de la improvisación y de la interacción con el espacio y el sonido, el cual no sólo parte de la pieza musical, sino también del cuerpo y su sonoridad propia. La fuerza de la expresión corporal se introdujo a partir de un juego constante entre movimientos amplios y combinaciones altamente complejas y variadas, junto a gestos o indicaciones sutiles, descansos y repeticiones.

Entendiendo la totalidad del ritual como un tránsito circular, se planteó la posibilidad de retornar a la imagen bidimensional como cierre de la primera fase del ciclo. Habiendo partido de los complejos petroglifos chibchas y su manera particular de codificar el universo, se decidió hacer uso de la fotografía como supervivencia y como pregunta alrededor de la relación entre el cuerpo, la imagen y el tiempo. Las imágenes obtenidas, articulan el enigma de la temporalidad y como en ésta se fijan de maneras distintas los cuerpos y sus acciones en el espacio. En Remarques sur art-sculpture-espace, Martin Heidegger describe la concepción griega del espacio definido a partir del cuerpo, el espacio es “visto a partir del cuerpo, como su lugar, como espacio que contiene el lugar” (Heidegger, 2009, p.19). El espacio de la danza o el performance, es decir, el espacio del arte efímero es constituido y delimitado por el cuerpo físico del artista, por sus características orgánicas, lo que le confiere un estatus singular y propio. Este espacio es un territorio abierto a toda posibilidad y el cuerpo allí tiene la potestad de dislocar e interactuar, sin embargo, estas acciones son efímeras, se constituyen como manifestaciones conocidas, pero no totalmente y es allí donde la imagen del cuerpo efímero, la fotografía, puede intervenir para construir un discurso del tiempo alrededor de las formas del cuerpo para percibirse y para contemplarse, algo similar a lo que le apuntaban las comunidades chibchas con sus complejísimos pictogramas.

El último elemento y no por ello menos importante, es el objeto, representado en el ritual a través del vestido y una serie de piezas cerámicas entre las que se destacan los “Huevos” –como representación del nacimiento/inicio del ciclo– y las “Vasijas” –como alusión al origen en lo femenino–. El objeto, al igual que el espacio, es intervenido y dinamizado por el cuerpo, adquiere una dimensión vital y mágica, que para el propósito explícito de este experimento, refleja precisamente la relevancia de lo sagrado en la configuración de una idea del universo y todo lo que en él habita. La manipulación de un material, la creación o destrucción de un objeto, es para Walter Benjamin la más clara representación del accionar dinámico del pensamiento humano y de la cotidianidad como obra de arte. Una hierofanía poética.

Hierofanía responde a un vocablo compuesto por dos palabras griegas: hieros que significa sagrado y faneia que significa manifestar. Por tanto designa la manifestación de lo sagrado. Cuando la obra de arte se plantea como hierofanía poética, como una manifestación poética de lo sagrado, es capaz de transmitir esa sensibilidad frente a los materiales que hacen parte fundamental de su creación y que revelan al ser tallados, moldeados o tejidos, su morfología sagrada, su ser naturaleza y su ser místico.

Aquí hablamos entonces de una materia viva que trasciende la idea del objeto inerte o simplemente útil, donde hay encantamiento, paciencia y sensibilidad en el tratamiento de los materiales, éstos recobran su valor sagrado manifiesto en el universo creador de quien los proyecta, se liberan del peso de las formas muertas y se regeneran en su relación con la corporalidad, el gesto y la musicalidad.

Comenzar con el Fuego como pieza transdisciplinar propone entonces ser un punto de partida, un comienzo de todo y de sí mismo, una pregunta circular que permita el encuentro entre lo poético, lo sagrado y lo experiencial, una fuga y una resistencia que reafirmen el ejercicio de la diferencia y la diversidad allí donde la modernidad le ha impuesto al individuo una suerte de conciencia ordinaria completamente despojada de sensibilidad y conexión con su origen, con la naturaleza con aquello que trasciende los límites legitimados del poder. Comenzamos con el fuego, que es la fuerza creadora y destructora por excelencia, porque aquella dualidad es la que le otorga a la existencia dinamismo y la que sostiene el balance en el circular, nos mantiene humanos, y en cuerpo y espíritu, libres.

Ensayo e Investigación por Ana María Perdomo Contreras.

Historiadora del Arte & Coreógrafa.

Bibliografía

– GUTIÉRREZ Miryam, TORRES Manuel Alberto. De lo Sagrado en el Arte y el

Pensamiento Mítico. Ed. Viento Ediciones, 2007. Bogotá, Colombia.

– Ciclo del Exilio. Música para colombiana para guitarra sola. Guillermo Rendón

García / Guillermo Bocanegra. Grupo de Investigación Piñeros y Salazar.

Directora: Genoveva Salazar Hakim. Línea de Investigación Creación.

Universidad Distrital Francisco José de Caldas. Facultad de Artes ASAB, 2017.

Bogotá, Colombia.

– RENDÓN, Guillermo. Antropología del Arte, constantes Andinoamazónicas.

Nov, 2000.

DELEUZE Gilles, GUATTARI Félix, Mil Mesetas, capitalismo y esquizofrenia. Ed. Pre-

Textos, 2002. Valencia, España.

– DELEUZE Gilles, Nietzsche y la filosofía. Ed. Anagrama, 2000. Barcelona,

España.